Cuando di el paso y adquirí el plan de Google AI Pro (5 TB), confieso que sentí esa euforia de querer comerme el mundo. En mi cabeza la idea era directa: “Con esto ahora sí voy a desarrollar y hacer cosas sin parar, todo rapidísimo y casi que en automático”.
Pensaba que la inteligencia artificial iba a resolver casi todo con solo escribirle un par de líneas.
Pero la realidad no tardó en aterrizarme.
La ilusión de que la IA “adivina” lo que tienes en mente
Al principio caí en el error típico: le tiraba textos rápidos esperando que el agente en Antigravity o el chat adivinaran exactamente la lógica que yo ya tenía estructurada en mi cabeza. Quería que entendiera el contexto del negocio, los detalles de la base de datos y cómo me gusta organizar el código por pura intuición.
Obviamente, no funcionó así.
Me entregaba cosas que a simple vista parecían estar bien, pero cuando entraba a revisar, no encajaban con la forma en que construimos las cosas en el proyecto. Tenía que corregir, volver a pedir y al final sentía que perdía tiempo.
Ahí entendí algo clave: la IA no es un adivino que lee pensamientos. Es una herramienta potente, pero necesita que le des orden y dirección. Si tú no tienes claro el flujo, la máquina mucho menos lo va a tener.
La ventaja de pensar como programador
Cuando me di cuenta de eso, cambié el enfoque. Al final del día, soy programador y mi mentalidad es estructurada por naturaleza.
Los desarrolladores estamos acostumbrados a seguir un flujo lógico:
- Definir qué entra y qué debe salir.
- Anticipar errores antes de que ocurran.
- Dividir un problema grande en partes pequeñas que se puedan resolver una a una.
En vez de pedirle que me hiciera un módulo completo de golpe, empecé a guiarlo paso a paso. Y ahí es donde la experiencia dio un giro total: adaptarse a ese flujo fue muy natural porque es la naturaleza misma de programar.
El verdadero cambio: Trabajar con mis propias Skills
Estar explicándole al agente una y otra vez cómo me gusta estructurar las cosas en cada sesión era cansón. Por eso empecé a construir y afinar mis propias Skills personalizadas dentro de Antigravity:
- Reglas claras para que los componentes queden limpios, ordenados y sin atajos que después den problemas.
- Estándares firmes para procedimientos de base de datos con manejo seguro de transacciones.
- Pautas de arquitectura para que el código nuevo respete siempre la estructura de lo que ya está funcionando.
Hoy en día ya no tengo que repetirle el contexto desde cero. El agente lee mis skills, sabe qué estándares seguir y genera el código alineado a mi forma de trabajar. Eso cambió el juego por completo.
Alivianar la carga: Procesos que en papel parecían imposibles
Uno de los mayores alivios que he sentido en mi día a día es cómo baja la carga mental.
A veces tenía requerimientos en el trabajo que en mi cabeza los imaginaba pesadísimos. Me sentaba a dibujarlos en papel y pensaba: “Uff, armar todo este flujo me va a tomar días de desgaste mental”.
Pero al sentarme con la herramienta, rebotar la idea y estructurarla junto a la IA, me he dado cuenta de que muchos procesos que uno se imagina monstruosos en realidad se pueden resolver de una manera mucho más simple y elegante. Te quita ese bloqueo inicial y te ayuda a ver el camino más directo.
Delegar lo pesado y pensar un paso adelante
Hoy en día trabajo con un ritmo mucho más ágil porque le delego el trabajo pesado:
- Yo defino la lógica y la arquitectura: Sé qué tiene que hacer el sistema y cómo debe comportarse.
- El agente hace el trabajo repetitivo: Genera la estructura base, los formularios, los mapeos y el código que consume tiempo escribir a mano.
- Revisión rápida: Con solo ver la implementación ya sé si está al 95% o casi al 100%, y solo entro a hacer ajustes de precisión.
- Pensar en el siguiente paso: Mientras el agente está procesando o aplicando cambios, mi cabeza ya está libre diseñando lo que sigue.
Las entregas son mucho más rápidas y uno trabaja con menos fatiga.
En qué punto estoy hoy
Actualmente mi día a día se apoya en:
- El plan Google AI Pro (5 TB) como base de todo el ecosistema.
- El chat de IA: Para aterrizar ideas en bruto y validar enfoques antes de tocar código.
- Antigravity: Como mi entorno de trabajo diario donde el agente ejecuta directamente sobre los archivos.
Soy muy consciente de que aún no uso todas las funcionalidades que tiene la herramienta; hay muchísimas opciones avanzadas que todavía estoy descubriendo. Pero para mi trabajo cotidiano siento con claridad que voy escalando de nivel. Cuando tengo dudas me apoyo en contenido y documentación en línea, voy probando y adaptando lo que me sirve.
Al final, la inteligencia artificial no vino a programar por mí ni a sustituir lo que sé. Me sirve porque sé lo que estoy haciendo, tengo las bases claras y sé exactamente qué pedirle. Es un acelerador tremendo cuando aprendes a llevar el control.